Y ahí estás, paseando libremente bajo el sol de tu tranquilidad, pensando que nada puede mejorar, pero de pronto, sin esperarlo, sin avisar, vuelven poco a poco las extrañas nubes grises, vanagloriándose como espina en boca ajena.
Testigos y predecesoras del estruendo del tiempo que retumba en el pecho con cada latido, tornándose poco a poco a una realidad onírica inimaginable, quebrando tu mente con fogonazos de magia e ilusión, como un destello abrasador que va creando cócteles de colores en tu retina, paciente.
Silencio.
Vuelven los gritos del silencio, vuelven a dejarme sordo con su presente ausencia, reverberando en mis tímpanos una y otra y otra y otra vez, vagando en el recuerdo de la gloria una vez alcanzada, mas es el fin.
Siempre vuelven.
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